Proyecto-P


Despues de USA sacar los misiles "Patriots", el tirano saco uno y lo nombro "Patria", los construia y les daba mantenimiento en esta unidad militar de la marina.

Antiguamente esta era la unidad de transporte coheteril de Capdevila, luego la nombraron Proyecto-P. Esta era un bunker tenia 3 pisos por encima del suelo, y bajo tierra tenia mas de 4 niveles. Desde ningun punto de la carretera se logra apreciar la unidad, esta es secreta, solo altos oficiales entraban al edificio principal, no habian soldados, a esta unidad y nadie entra en ella sin firmar un documento donde se compromete al silencio de lo que alli vea o escuche.
Los misiles eran teledirigidos, tenian uno como muestra abierto para las clases, casi toda su capacidad era combustible en pasta, y en la punta explosivo, su aspecto fisico era muy similar a un mig-15. La plataforma de estos eran terrestres, muy similar a los remolques que se usan para transportar los tanques.
El jefe de la unidad era un capitan de corveta, no he logrado conseguir su nombre.

El Proyecto P se desarrollo en Cuba bajo la idea del CA Cuza, desde la decada del 80 y fue dirigido por Un CC en aquellos tiempos y Do. en ciencia llamado Guido, las primeras pruebas se efectuaron en cienfuegos y la primera rampa se costruyo con ayuda de la atomo nuclear de cienfuegos. Era estacionaria, despues se traslado todo un equipo a este punto en cabdevila para desarrollar las rampas moviles que desfilaron en la Plaza. tambien se analizo un proyecto T a parti de los T55 que se desactivaron. Mas adelante se conformaron unidades coheteriles empleando cohetes P-15, asi se podia aprovechar este armamento ante la realidad de la poca vida de las Lancha coheteras ante un enfrentamiento con los EU.
En este punto tambien radico el Pm de la MGR.

Gracias Qbano76 y A.Pavon

Llorando en 26


Rafael Alcides, La Habana

El otro día me encontré en 23 y 26 con alguien muy apiadado; se le caía la cara de vergüenza, por lo que me decía. De habérmelo permitido mis recursos, ahora podría recordarme entrando con él bajo el brazo en un bar y mandando a poner una ronda de cervezas.

Ese dolor me ha quedado.

No obstante, nos sentamos en un quicio, como dos muchachos, o como dos novios; en fin, cuando se llega a viejo todos los de antes son igualmente muchachos y del mismo sexo, fueran antaño hembra o fueran varones.

Ser viejo no es tanto ser antiguo como pertenecer a un nuevo sexo y, por tanto, poder hacer cosas que a los jóvenes les daría pena hacer, como llorar en público, por no entrar en ciertas intimidades menos elegantes, le dije secándole una lágrima, pues aquel viejo, que en otro tiempo puso bombas en la calle, mató policías y después subió a la Sierra, seguía desconsolado pensando en los actuales gobernantes cubanos, sus viejos compañeros tan amados por él.

Los presidentes imperialistas tuvieron más suerte, me decía. "Todavía en tiempos de Eisenhower era de buen gusto linchar negros, hoy eso pasó de moda, e incluso está prohibido. Pero el imperialista que lo prohibió no pasó por la vergüenza de ser el mismo que lo había autorizado. Con la bebida pasó igual. El imperialista que la autorizó luego de once años de sequía no fue el presidente que la prohibió.

"Mis pobres compañeros de la Sierra, en cambio, llevan ya cincuenta años muriéndose de la pena de verse autorizando hoy lo que ayer prohibieran. Los pobrecitos."

Dos horas estuvo mencionando aquel infeliz medidas anunciadas con la autoridad de un Moisés proclamando Los diez Mandamientos de la ley de Dios que después, muriéndose de vergüenza, les vio echar abajo, los pobrecitos.

"Es una lástima que ellos, que tan orgullosos fueron en el combate, se hayan visto sin embargo colocados por Cuba en esta situación tan amarga. ¿Crees que no les da pena haber tenido que hacer las paces con los homosexuales? ¿O que les dio gusto bajar la cabeza en cuestiones de la economía, de la cultura, con respecto al turismo, a la comunidad cubana en el exterior, haber tenido que empezar a contar con lo que de allá afuera nos mandan los mismos que ayer fueron despedidos a huevazos por la cabeza, haber tenido que aplaudir en la Plaza al Papa?, ¡Imagínatelos!"

Él ni leía ya los periódicos ni veía los noticieros para evitar la pena de verlos desdiciéndose casi minuto a minuto. Pena no por él, por ellos, porque los conocía, porque sabía que hubiesen merecido un mejor destino, y porque le daba rabia, sí rabia, rabia, mucha rabia que los presidentes americanos, nada menos que esos viles imperialistas, hubiesen tenido en ese quita y pon de leyes mejor suerte que sus compañeros, aquellos viejos amigos de antes, los pobrecitos, tan sacrificados.

Sufridamente me apretaba la mano. Y yo lamentando, lamentando no poder entrar con él en un bar a ahogar en cerveza sus penas, y porque a pesar de ser yo viejo igual que él, entrado ya en ese sexo en que estamos por encima del que dirán, empezaba a darme pena estar secándole las lágrimas en el quicio de una esquina tan transitada como la de 26 y 23.