Villa Marista [Dpto Operaciones, 10 CI]

Villa Marista [centro de tortura] es parte del Departamento de Operaciones de la Dirección de Contrainteligencia del Ministerio del Interior. Fue creada en 1963 y es el equivalente cubano de la Lubianka de Moscú. Instructores de la KGB, veteranos estalinistas, trasmitieron a los cubanos su vasta experiencia represiva.

Jefe: Coronel Rabeiro.

La celda habitual en Villa mide 3 x 2 metros. Ciertamente no es aconsejable para los que padezcan de claustrofobia. Las literas son planchas de hierro o madera encadenadas a la pared. Hay una o dos literas en cada pared. Las celdas tienen unas especies de persianas de concreto que no permiten ver hacia afuera, aunque dejan entrar el aire y alguna claridad. Es posible darse cuenta del amanecer y del crepúsculo. La letrina es un simple agujero en el piso. Un pequeño chorro de agua cae sobre el hueco. Generalmente, los detenidos toman el agua de beber de ese chorro. Un pedazo de tubo que sobresale de la pared, sobre la letrina, sirve de ducha. A los detenidos no se les permite afeitarse ni peinarse ni cortarse las uñas. Las horas del baño están reguladas, aunque esa regulación, como otras, son casi imposibles de imponer en la práctica.Sobre la puerta de hierro hay un bombillo perpetuamente encendido cubierto por una malla metálica. Pero, con un poco de práctica, gracias a los cambios de luz y los sonidos de la calle, es posible calcular la hora del día con relativa facilidad. La puerta tiene una ventanilla que los guardias pueden abrir para vigilar (siempre preocupados por los suicidios) y trasmitir órdenes. Para llamar al guardia (al que hay que tratar de "combatiente"), el detenido tiene que golpear la puerta de hierro. En general, la puerta solo se abre para el desayuno (6.30 a.m.), el almuerzo (11 a.m.) y la comida (4 p.m.). Los mismos guardias le darán el cepillo de dientes cuando pasan a recoger las bandejas vacías. También hay que abrir la celda para una limpieza semanal. Un guardia le da a los detenidos una frazada para limpiar el piso y un jarro con creolina para echar en la letrina.

Dado lo escaso de la ventilación, las celdas son extremadamente calurosas en verano. Por física elemental, cuando hay calor asfixiante el lugar más fresco no es la litera superior sino el suelo. Algunas celdas tienen un fuerte aire acondicionado con el objetivo de torturar a los detenidos. Son las llamadas celdas "frías".Con un poco de práctica, también es relativamente fácil ubicar donde están los guardias. A ellos, por su parte, les resulta muy difícil ubicar exactamente de que celda ha salido algún grito. Esto permite comunicarse y averiguar, por ejemplo, si hay algún amigo detenido en el mismo piso. Por otra parte, como las ventanas dan al exterior, no es difícil hablar con algún detenido del piso de arriba o de abajo. Este, a su vez, puede gritar preguntando por cualquier preso. El resultado es la posibilidad de una sorprendente comunicación entre los distintos pisos en una prisión de máximo aislamiento. Villa es demasiado grande como para que pueda haber vigilancia sobre cada celda.
Lo habitual es que los detenidos lleguen a Villa y tengan que esperar varios días antes de ser llamados para su primer interrogatorio. Esa tensión ha bastado para quebrar psicológicamente a más de un detenido impreparado. Tampoco es extraño que en ese primer interrogatorio, ansiosamente esperado, el oficial se limite a pedirle al detenido su nombre y otros datos generales. El objetivo siempre es el mismo: convencerlo de su insignificancia (¡ni siquiera saben su nombre!) y dejar que el aislamiento lo deteriore psicológicamente. Es común que los interrogatorios se hagan de madrugada. El objetivo es el mismo de la hora de la detención: aprovechar el ritmo biológico para sorprender al objetivo "con la guardia baja", cuando esta psicológicamente menos preparado y es más vulnerable.Para el interrogatorio, un guardia abre la ventanilla, llama el número e inmediatamente comienza a abrir la puerta. El detenido sale de la celda y se tiene que poner de frente a la pared, hasta que el guardia cierre nuevamente. Allí podrá ver una cajuela donde se guardan su cepillo de dientes y algunas medicinas que pueda estar tomando. Luego el guardia le ordena que camine en cierta dirección mientras marcha detrás chiflando para advertir a cualquier otro guardia que pudiera venir en sentido contrario con otro detenido. En caso de ir a cruzarse, le gritan que se detenga y se quede mirando a la pared. Se trata de que nadie pueda ver a los demás detenidos ni comunicarse con ellos.Las oficinas de los interrogadores están ubicadas a lo largo de los pasillos de cierta área, y son mas bien pequeñas. El guardia manda a detener al detenido, siempre de frente a la pared, junto a la puerta y le grita al oficial interrogador: "¡Permiso para presentar al detenido!". Cuando el oficial asiente, el guardia se hace a un lado y le hace un gesto al detenido para que entre en la oficina. El interrogador, que esta sentado detrás de una mesa, le invita a sentarse, y el interrogatorio comienza. Se supone que el detenido este sentado en posición de firme. Si se inclina, recuesta, cruza las piernas o hace cualquier otro gesto le llamarán secamente la atención. Si el detenido es fumador, probablemente le ofrezcan cigarros. A los oficiales les gustan los fumadores porque eso les da un pequeño poder suplementario sobre ellos. En general, hablan poco, prefieren que sea el detenido el que lleve el peso de la conversación.Los detenidos nunca deben perder de vista que ahora se encuentran en universo particular que se rige por sus propias leyes. Los usos y costumbres de la vida normal han perdido su validez. Carece de sentido, por ejemplo, que un detenido trate de convencer de su inocencia a un oficial interrogador. Eso es olvidar que los éxitos profesionales de ese oficial son directamente proporcionales a la cantidad y gravedad de los "delitos" que logre descubrir. Para la Seguridad, todo el mundo es culpable, y no poder demostrar satisfactoriamente esa culpabilidad no es mas que un fracaso profesional. Al olvidarlo y tratar de convencer de algo a un oficial, el detenido solo consigue trasmitir una información que inevitablemente va a ser usada en su contra. Por consiguiente, es aconsejable limitar al mínimo lo que se intercambia con los oficiales.El interrogador siempre trata de dar la impresión de que lo sabe todo y de que el único objetivo del interrogatorio es darle la oportunidad al detenido de manifestar su arrepentimiento "por su propio bien". Si hay varias personas en un caso, se le dice al detenido que los demás han confesado y, para corroborar esa impresión, se utilizan los retazos de información que se van obteniendo de los demás. La realidad es que es en los mismos interrogatorios donde los oficiales obtienen la mayor parte de su información. En este sentido, a veces, se alternan interrogadores "amistosos" y "hostiles" para suscitar un deseo de ayudar al oficial "amistoso" dándole información. El detenido siempre debe recordar que no está solo y que tiene amigos que están luchando por él. Pero ninguno de ellos trabaja en Villa.La Seguridad no vacila en recordarle a los detenidos sus anteriores vínculos con el régimen, el romanticismo de su juventud, la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue. Pero el único objetivo es que abandone la lucha y se rinda para aplastarlo mas fácilmente. Frecuentemente, se trata de endilgarle a los opositores la confesión de algún delito común, al que los mismos interrogadores suelen restarle importancia. Pero los detenidos deben recordar que una confesión de ese tipo puede representar años de cárcel. Hay que evitar caer en esa trampa. La estancia en Villa puede ser muy difícil pero no es sensato cambiar días por años.Las amenazas de los interrogadores no deben ser tomadas a la ligera pero tampoco exageradas. Havel y Walesa también fueron amenazados cuando estuvieron presos pero llegaron a la presidencia de la República Checa y de Polonia respectivamente. Y, sin embargo, el último ministro del Interior de la Unión Soviética, Boris Pugo, terminó suicidándose mientras que otro ministro del Interior, éste cubano, el general José Abrantes, "murió" en la cárcel.

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